Tras una destacada trayectoria en Chile, el Dr. Fernando Baraona decidió trasladarse a Estados Unidos para dedicarse exclusivamente a las cardiopatías congénitas del adulto. Hoy desarrolla su labor asistencial, docente e investigadora en algunos de los principales hospitales afiliados a la Universidad de Harvard, contribuyendo al avance de una subespecialidad cada vez más relevante a nivel mundial.

Con más de tres años viviendo en Boston, Massachusetts, el Dr. Fernando Baraona ha consolidado una destacada carrera en el manejo de las cardiopatías congénitas del adulto, una subespecialidad que aborda a pacientes nacidos con malformaciones cardíacas que, gracias a los avances de la medicina, hoy alcanzan la vida adulta y requieren seguimiento y tratamientos altamente especializados.

Médico formado en la Pontificia Universidad Católica de Chile, realizó en esa misma institución las especialidades de Medicina Interna y Cardiología de Adultos. Posteriormente, completó la subespecialidad de Cardiopatías Congénitas del Adulto e Hipertensión Pulmonar en Boston Children’s Hospital, centro afiliado a la Universidad de Harvard. Además, cursó el Diplomado en Educación Médica de la Escuela de Medicina de la Pontificia Universidad Católica.

Actualmente desarrolla la mayor parte de su actividad clínica en Boston Children’s Hospital y Mass General Brigham Hospital, además de atender pacientes en Beth Israel Lahey Health, todos centros afiliados a la Universidad de Harvard. Paralelamente, es Profesor Asistente de la Escuela de Medicina de Harvard, Cardiólogo Asociado Senior del Departamento de Cardiología de Boston Children’s Hospital, Director de la Clínica Ambulatoria del programa de Cardiopatías Congénitas del Adulto (BACH) y Director Asociado del Fellowship de Cardiopatías Congénitas del Adulto de la Universidad de Harvard, participando activamente en la formación de nuevos especialistas.

Su decisión de desarrollar su carrera en Estados Unidos respondió a la posibilidad de dedicarse por completo a la subespecialidad que más le apasiona. Durante su ejercicio profesional en Chile, explica, gran parte de su tiempo estaba destinado a la cardiología general, mientras que los pacientes adultos con cardiopatías congénitas enfrentaban importantes dificultades para acceder oportunamente a estudios y tratamientos especializados. En Boston encontró un entorno que le permite concentrarse exclusivamente en esta área, además de combinar la atención clínica con la investigación y la docencia.

A pesar de desempeñarse hoy en uno de los sistemas de salud más complejos del mundo, el Dr. Baraona destaca la calidad de la formación médica chilena. Asegura sentirse orgulloso de haber aprendido de grandes maestros de la cardiología nacional y considera que el nivel de la práctica clínica en distintos centros del país es comparable al de Estados Unidos. Sin embargo, reconoce que el acceso a recursos, tecnologías y centros de alta complejidad marca una diferencia importante, permitiendo ofrecer tratamientos que en muchas ocasiones no son posibles debido a sus elevados costos.

Trabajar en hospitales de referencia internacional también ha significado enfrentar nuevos desafíos. El alto volumen de pacientes complejos, las expectativas de quienes buscan atención altamente especializada y la necesidad de mantenerse permanentemente actualizado forman parte de su trabajo cotidiano. A ello se suma la responsabilidad de formar a futuros especialistas, procurando que desarrollen no solo conocimientos técnicos, sino también sólidas habilidades clínicas y una mirada integral sobre el paciente.

“Una de las principales enseñanzas de mi experiencia internacional ha sido comprender el valor del trabajo académico colaborativo, la excelencia como un compromiso permanente y la importancia de una buena mentoría en la formación de las nuevas generaciones de médicos. Asimismo, el aprendizaje continuo, la investigación y la docencia son elementos inseparables de una medicina de alto nivel”, advierte el Dr. Baraona.
Mirando hacia el futuro, espera fortalecer una línea de investigación en cardiopatías congénitas del adulto que genere nuevas oportunidades para su equipo y mejores alternativas terapéuticas para los pacientes. Asimismo, busca seguir impulsando iniciativas que contribuyan a mejorar el acceso y la atención de la población hispanohablante dentro del sistema de salud estadounidense.

“La sólida formación clínica que reciben los médicos chilenos es una de sus mayores fortalezas. Por ello, recomienda mantener una búsqueda constante de nuevos conocimientos, cultivar una buena mentoría y, sobre todo, dedicar tiempo y atención a la relación con los pacientes, convencido de que una buena historia clínica y un examen físico de calidad siguen siendo herramientas fundamentales para ejercer una medicina de excelencia”, concluye el cardiólogo.

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